Vive en Francia y es profesor en Universidad de La Sorbona

Escritor singular en nuestros días, Porfirio Mamani (Arequipa, 1963) ha desarrollado una obra poética sobre el exilio, que ha tomado un viraje en la línea de autores aparentemente tan lejanos como San Juan de la Cruz: la poesía religiosa. Desde París, ciudad donde vive y da clases en la universidad, Mamani da claves sobre La luz del camino, su libro último.
¿Cómo ha cambiado su poética desde Voz más allá de las fronteras hasta La luz del camino?
–Voz más allá de las de las fronteras fue resultado de las primeras experiencias que marcaron profundamente mi vida durante mi estadía en España. En cada uno de mis libros hay la idea de la búsqueda interior, algo que deseaba transmitir y no lo lograba. Con La luz del camino se ha comenzado a concretar, en parte, la idea de mi preocupación interior en relación con Dios. La luz es Dios, el camino es Dios.
¿Considera adecuado el término de poesía religiosa?
–La luz del camino fue inspirado, tanto en la temática como en la forma, por unos sueños premonitorios que tuve en relación con Dios. Tomando estos elementos significativos, bien podría considerarse como poesía religiosa, dado que en todo el libro, aunque no se menciona la palabra Dios, está completamente nutrido de la temática religiosa.
¿Qué autores han influido en esta poética?
–He leído mucho en mi adolescencia y primera juventud, la Biblia, sobre todo en mi dolorosa estancia en Lima, en la época cuando salió Ecos de la memoria (1988). En esos años de hambre, soledad y olvido, la Biblia fue mi pan y mi fuerza para resistir todo aquello duro que viví. La Biblia es la fuente en la que siempre me refugio.
Sus versos encierran la esperanza en una luz redentora…
–La luz y la esperanza constituyen dos pilares fundamentales sobre los cuales se sustenta la voz poética en este libro. La luz constituye la única alternativa espiritual para salvarnos de todos los males que pueden estar acosándonos, sin que, a veces, nos demos cuenta. Nos hemos apartado demasiado del camino de Dios, del camino de la moral, de la libertad. Frente a actos de intolerancia, las guerras, los desastres, el hambre y las injusticias, ¿por qué no hablar de luz, redención y perdón?

Un peruano en París
¿Cómo encuentra la poesía peruana contemporánea? ¿Podemos hablar de una poesía peruana del exilio?
–Es innegable, pues muchos autores, como Vallejo o César Moro, se han formado o desarrollado sus poéticas desde el exilio, en realidades –muchas veces– hostiles. Afirmarse en el exilio, como autor, es muy difícil, sea por el medio social, la cultura o los problemas económicos que debe afrontar un extranjero.
Usted, como profesor de La Sorbona, ¿cómo evalúa la situación de los intelectuales peruanos en Francia?
–Tomando en consideración la adversidad cultural, social y económica, todo intelectual, sea peruano o de otro país latinoamericano, ha de hacer doble esfuerzo que un nacional. En ese sentido, los pocos o poquísimos que logran hacerse un camino deben sacrificar mucho para lograrlo; excluyendo, indudablemente, los que llegan con recursos económicos favorables.

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