Testimonios de latinos reconstruyen matanza

BLACKSBURG (Agencias).- Los testimonios de los estudiantes latinoamericanos de la Universidad Politécnica de Virginia ayudan a reconstruir la desgarradora historia de la matanza, que le costó la vida a 33 personas.

“El asesino los puso en línea a los alumnos y les preguntaba: ¿Ustedes saben dónde está mi novia? y luego les disparaba”, contó a Radio W Sebastián Hoyos, un colombiano natural de Pereira que se dirigía a clase cuando se inició la masacre.

“No nos imaginábamos que iba a ser tan tenaz. Poco a poco supimos que mataba a más y más gente. Nos contaron que en una clase trataron de bloquear la puerta para que el tipo no se metiera, pero él disparaba desde afuera”, agregó Hoyos.El chileno Eduardo Arellano, que cursa un doctorado en Ciencias Forestales, reveló al diario El Mercurio que el segundo tiroteo lo sorprendió cuando iba a clase tranquilizado por un e-mail de la universidad, que había recibido tras el primer incidente, en el que se le informaba que “todo estaba bajo control”.

Su compatriota Pilar Jano, estudiante de una maestría en Economía, denunció a Radio Cooperativa que hubo “negligencia” de las autoridades universitarias, que no tomaron medidas en las dos horas que mediaron entre el primer y el segundo tiroteo.

En la misma línea crítica se manifestó el mexicano Germán Montalvo. En el rotativo El Universal, el estudiante de Ingeniería Mecánica cuestionó la actuación del presidente de la universidad, Charles Steger, preguntándose: “Ahora, ¿con qué cara va a hablar con los padres que le confiaron a sus hijos? Nosotros vivimos aquí y la universidad es como nuestra casa”.

Por su parte, la argentina Laura Alstaedter, profesora de castellano, relató a Clarín que

durante las horas de pánico que vivió junto con quince alumnos, algunos “se lanzaban bromas mientras otros espiaban agazapados junto a las ventanas”.

HÉROE. Pero quien sin duda será recordado como un héroe en medio del horror es el profesor rumano Liviu Librescu, sobreviviente del Holocausto, que dio su vida para proteger a sus estudiantes en el Departamento de Ingeniería Científica y Mecánica.

Pese a que tenía 76 años y que había superado hace mucho tiempo la edad para jubilarse, todavía estaba dando clases cuando surgió el caos en el centro de estudios.

Librescu bloqueó la puerta de clases para que no ingresara el atacante y, así, los alumnos pudieran escapar por la ventana. El homicida disparó a través de la entrada, matando al valeroso profesor.

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