Artesanos peruanos está recuperando su antiguo esplendor

Los maestros alarifes de Arequipa
Fuente:elcomercioperu.com
Un género de artesanos arequipeños, “los alarifes”, recuperan su antiguo esplendor, en su especialidad de talladores del sillar, la piedra volcánica emblemática de Arequipa.

Con la recuperación de las calles del centro histórico, nuevamente se les ve con sus barretas, combas, cinceles, espátulas y otros utensilios propios de su profesión, recuperando las tallas, cornisas, columnas y emblemas de las casonas coloniales españolas del centro de la ciudad.

Herederos de una rica tradición arquitectónica y artística, que data desde la época colonial española, estos maestros del arte del tallado del sillar, han conservado hasta hoy, los secretos que en tiempos pasados dieron esplendor al estilo mestizo de la arquitectura civil y religiosa tan propia de Arequipa, y que felizmente se conserva hasta hoy en los templos coloniales, monasterios y las casonas construidas poco después de la fundación de Arequipa, el 15 de Agosto de 1540.El sillar, la piedra volcánica solidificada

Así se denomina al tufo volcánico arrojado por las erupciones de los volcanes de Arequipa, el Misti, el Pichu Pichu y el Chachani, en tiempos inmemoriales.

Este torrente, de lava candente, discurrió por las quebradas aledañas a lo que más tarde sería la ciudad de Arequipa y formó las “canteras de sillar”.

La más cercana a la ciudad es la de Añashuaico, donde han trabajado más de cuarenta generaciones de artesanos en la febril tarea de arrancar a la rica beta, el blanquísimo sillar con que fue construida Arequipa, también llamada la “Blanca Ciudad”, por este singular hecho y que no se repite en ninguna otra ciudad del mundo.

Una de las características de este maravillo material es que se le encuentra en diversas colores y tonalidades. Junto a las grandes betas del imponente sillar blanco, hay sillar rosado de una tonalidad uniforme y que se puede admirar en el Palacio Arzobispal de Arequipa. Las paredes, las molduras, el marco, las columnas de las ventanas y de la puerta principal, con su remate de penacho en la segunda planta, todo construido y labrado en sillar rosado, le dan un aspecto señorial.

Hay sillar blanco-azulado o blanco-rosa y hasta uno con tenue tonalidad amarrilla. Particularmente, he visto el sillar gris, con matices como de acero y el de color negro con jaspes blancos. Son bellos como raras joyas, pero que no se utilizaron ni se utilizan en las construcciones de Arequipa, sin embargo el tradicional sillar blanco se sigue utilizando en las modernas construcciones de la ciudad, ya sea como enchape, molduras, cornisas y otros elementos arquitectónicos de actualidad o que imitan a las del pasado. Es imprescindible en las restauraciones de los templos, casonas y palacios coloniales, rescatados conservados y que hoy en día constituyen el atractivo de esta ciudad más que cuatricentenaria.

Los alarifes de hoy

Jacinto Hernández Pichiguanaque, un maestro alarife de los de hoy, nos cuenta que el oficio lo heredó de su padre, quién le enseñó los secretos del tallado del sillar y el uso de la escuadra, el compás, los cinceles y el combo. Un oficio que es una tradición y que se remonta hasta los abuelos y bisabuelos de los Hernández Pichiguanaque.

“Nosotros somos talladores y ahora recuperadores”, me dice, muy serio.”Habemos los que sacan el sillar de las canteras a medida, y los que hacemos el trabajo de labrar. Esto es más difícil”, añade risueño.

“Maestro, ¿hay algún secreto para tallar el sillar?”, le pregunto, curioso.

“¿Cómo pué tío, entonce ya- nues- secreto”, me contesta con sorna.

Me despido y me alejo por la calle de La Merced, en medio del polvo de sillar, un barullo de golpes de combo y cincel, sobajeo de espátulas y cepillos de acero. Tengo la oportunidad de sacar una foto de una fachada, donde se asoman unas columnas adosadas y un pórtico de sillar rosado, hermosamente tallado y que estuvo oculto por más de medio siglo.

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